lunes, 22 de junio de 2015

Archimago: Los Elementales Perdidos



¿El personaje fantasma?


¿Qué tal, estimados?
Aquí me tienen de vuelta a las andadas, tras haber patiperreado de lo lindo por el planeta Terra, en un viaje auspiciado por la chilena Midori Gale y su libro “Archimago: los Elementales Perdidos, primera parte” Exacto, el título ya te amenaza de una futura frustración por no saber el final. Igual pascual me lancé a ver qué pillaba a la vuelta de las páginas.

¿Y qué encontré? Una historia cuyo inicio no puede ser más simple: tenemos a Terra, habitado por magos y equilibrado por los Elementales; quienes de un tiempo atrás desaparecieron y con ello el equilibrio se fue a las pailas. Así es como Hayashi, (el prota) termina incluyéndose en un grupo de ocho jóvenes elegidos para salir a buscarlos. Ok, puedo sentir la duda en el aire: ¿Vale la pena leerlo?
Tenemos el típico viaje épico, con el conocido grupo juvenil y numeroso, y el ya visto protagonista medio aislado e incomprendido. Por ahora me limitaré a recomendarles seguir leyendo y no caer en los típicos engaños de un resumen típicamente simplón.

Comenzaré con algo que a veces extraño en otros libros: el ENGANCHE. Con esta novela a Gale le resultó casi de inmediato conmigo, usando una narrativa entretenida y sin lagunas, la escritora te va mostrando los lugares y las situaciones de forma clara y fácil para la imaginación. Tal vez la única falla aquí esté en el ritmo y es que, en especial en las primeras páginas los sucesos corren más rápido que Speedy Gonzáles (Ejemplo: todo un viaje de una ciudad a otra... ¿narrado en una sola línea? ¿No pasó nada con tanto cabro suelto?) al tiempo que irónicamente, hay una abundante tendencia a las manzanitas que retrasan la lectura
–¿de flash a tortuga? Sí, hasta las narraciones pueden ser bipolares, no digo. –
Dos baches técnicos que delatan la pluma novel de la escritora, sin embargo destaco que las prisas van desapareciendo con el avance del libro, así como las redundancias empiezan a llamar menos la atención.
Amén que a modo muy personal, si pienso que la publicación Midori la hizo por las suyas, sin editorial de apoyo, alzo los pulgares y la felicito, confiando que Speedy y las manzanitas sean sólo una anécdota en sus futuros escritos.

Siguiendo el hilo paso a curiosear la trama, que me pareció agridulce. Me gustaron sus giros que mantienen encendido el entusiasmo, junto a las situaciones y los personajes realistas. Por ejemplo, cuando dan la razón de porqué mandan a jóvenes inexpertos a la Gran Odisea, en vez de adultos más diestros; o en la convivencia misma, donde se nota la chispa juvenil junto a sus yerros. Sin embargo hay una falla importante en su estructura: la carencia de un clímax definido. No porque falten ideas, al contrario: en mi caso reconocí dos o tres nominados al Óscar, pero como tenían igual impacto, ninguno sobresalió. Tal vez el problema haya sido que Midori quiso abarcar muchas ideas con el mismo ímpetu; como fuere, al final me quedé con una vaga idea al respecto, que no ayudó mucho al final abierto que se presenta después.

De los personajes también tengo algo que picar ¿cómo no, si aparte del prota hay siete más casi tan importantes como él? Si a ellos les sumamos los extras que se abonan un buen rato en la historia, es para que uno se pregunte si entre tanto títere no va a quedar alguno sin cabeza. Y nuevamente escapando a las leyes de lo típico, a pesar de caer en el pobre físico alimentado con poco más que el tripack archiconocido, Gale me sorprende logrando manejar el circo a un ritmo parecido, sin que ningún mono quede olvidado en la narración; y aunque en sus perfiles no son tratados a fondo, si se notan rasgos de carácter diferenciadores que les dan su propio sello a cada personaje.
Algo a destacar para mi gusto, al fin y al cabo no estamos hablando de sólo dos o tres títeres.

Concluyo esta humilde opinión reconociendo mi completa frustración al llegar a las últimas páginas y quedarme con ganas de más, lo que en el fondo es algo bueno, sino no estaría recomendando esta obra fantástica con tintes épicos, ideal para los amantes del género. Sin más vuelvo a mi rincón, satisfecha por encontrar esta joven pluma que promete nuevas ideas, no obstante por lo que he escuchado la continuación es en fanzine, así que lastimosamente para ustedes, aunque los lea no son libros para reseñar.
¡Felices lecturas para todos!
S. K. Seibert.

domingo, 14 de junio de 2015

La Casa de los Espíritus



“Si aplastaste una mariposa diez años atrás,
provocarás un terremoto en el tiempo actual”

“No estaba muerta, andaba de parranda”... Sí como no, parranda me van a dar ustedes por todo el retraso. Al menos mi manager en las sombras ya está afilando los cuchillos. Vale que un mes y… -ya perdí la cuenta- es todo un récord del que no me enorgullezco. Como sea y sin ánimo de latear con detalles, mis disculpas a tanta demora... en serio, llegará el día en que logre mostrar una reseña por semana (este año, por favor, este año Diosito) En fin, basta de palabrería y vamos a lo que vinieron:

Me presento con otro ejemplar que catalogo como clásico; después de todo si alguien no lo ha leído, al menos habrá oído de él o visto su película del mismo nombre: La Casa de los Espíritus, de la escritora chilena Isabel Allende. Una obra muy buena he de reconocer, no por nada es uno de mis favoritos.

La Casa de los Espíritus es un libro cuyo atractivo no radica en los hechos mostrados, tanto como en los personajes mismos, pues su trama en sí la hacen con su diario vivir y la forma en que se relacionan, creándose así un ambiente que, al menos a mí me sonó bastante familiar.

Y aquí el papelito bajo la mesa para los menos informados: A grandes rasgos la historia se centra en la vida de la pareja protagónica Esteban Trueba y Clara del Valle, dos seres tan parecidos como seda y lija, él trabajador práctico, serio y dominante; ella espiritista nata, volada y de fácil sonrisa; a ellos se suman sus hijos y nietos que van asomando nariz, ojos y cuerpo páginas más adelante, así como la familia de los García, un clan tan afín con los Trueba como la pareja dicha y que, por los hilos del destino, el karma, el azar o la tincada de la autora (como prefieran) terminan más conectados que si tuvieran la misma sangre.

Si bien no hay un protagonista declarado –algo que suele pasar con este tipo de relatos familiares –se nota la importancia de Esteban Trueba para la obra, algo que sigue dándome risa al pensar en la forma en que ingresa a la historia: cual secundario casi tirando a relleno. Y al final de la página termina robándose la película y siendo el único personaje que está vivo a todo lo ancho del culebrón. Sin contar el espacio que Allende le otorga en ciertos párrafos, al cambiar la tercera persona narrativa, por una primera... sí, hablo de su persona; permitiendo con eso al lector enterarse de los hechos, así como de su visión y con ello conocerlo mejor. Valga decir que el cambio de foco ocurre sin aviso previo, lo que a la larga no se presta para confusiones al respecto, mas sí es chocante las primeras veces.
Otra cosa curiosa es cómo pese a tratar con tres generaciones en un mismo libro, la autora termina conectándolas por el nexo de Esteban con su nieta Alba quienes, coincidentemente, terminan conviviendo solos en la “Gran Casa de la Esquina”, además de ser únicos supervivientes de su respectiva generación.

Los perfiles de personajes están a mi gusto bien formados, mostrándose su evolución con el pasar del tiempo sin estropear su esencia. Un cuidado que se nota sobre todo en las mujeres de la historia (mientras que Nívea pensaba en apoyar “femeninamente” la candidatura de su esposo, su bisnieta se veía como miembro activo de una revolución social). Incluso Esteban, con todo su orgullo que lo domina de pé a pá en toda la trama, muestra un cambio de proyecciones respecto a su hija y nieta: con la primera sólo espera que tenga un buen matrimonio y brille en sociedad, mientras que con la última opina que es mejor que estudie y tenga una carrera, ya que para las mujeres el matrimonio “es un mal negocio”. En la misma área personajil destaco el juego que Isabel hace: incluso aquellos títeres que parecen cumplir una función de challa, sorprenden al final de la esquina al ser parte vital del clímax y su resolución. Además tampoco deja que entre tanto mono alguno quede al olvido (ni siquiera los muertos, ojo, Barrabás es la prueba de ello)

Tal vez su mayor pifia esté en la trama, o más bien en su falta de originalidad. Y es que el basarla en algo como la vida de los personajes (cual teleserie en papel) no es el último grito de la novedad; Sin embargo rescato la manera de mostrarla, porque es entretenida y atrapante al punto que, aunque la sepas una idea común sigues empeñado en seguir leyendo y saber cómo terminará todo.

En la ambientación Allende no se va con chicas, detallando aspectos físicos de los lugares, amén de hacer notar los cambios que se van produciendo tanto económicos como sociales, siempre con esa cuota de humor que la caracteriza:
“había un desorden de modernismo, un estropicio de obreros haciendo hoyos en el pavimento, quitando árboles para poner postes, quitando postes para poner edificios, quitando edificios para plantar árboles”
¿Alguien dijo el Ciclo sin Fin?

En conclusión, podemos decir que esta obra no sólo me encantó, sino que también la recomiendo plenamente a quienes quieran una amena lectura, que no sólo les entretendrá y hará recordar a más de algún conocido, sino incluso tal vez puedan sacar alguna reflexión interesante, pues parafraseando a la joven Alba: “todo lo ocurrido no es fortuito, sino parte de un destino dibujado antes de mi nacimiento”

¡Felices lecturas para todos!
S. K. Seibert.

PD: Si sumo su fecha de publicación, más el hecho que lo leí por primera vez a mis juveniles 11 años… ¡Atájenme el carnet!

lunes, 23 de marzo de 2015

Ocaso de un Reino



“Hablando de spoilers”

¿Qué cuentan?
Aquí me ven saliendo de mi rincón con noticias frescas, y es que luego de viajar al Planeta de Los Lagos, cortesía del libro Ocaso de un Reino de la escritora chilena Sasami Hanatsuki, tenía que dejar mi opinión al respecto.

Comencé el paseo a través de ese planeta templado tirando a frío, con abundante vegetación y muchos... lagos, claramente; llegando así al reino Nevada, donde me encontré con un conflicto inmediato y en cierta forma, simple: Umi, la princesa del reino está a punto de comprometerse en contra de sus deseos; todo esto mostrado por medio de su mejor amiga y protectora, la guerrera Tsuki, protagonista de la trama quien además debe lidiar con su propio problema, pues la quieren comprometer con el príncipe Alan, con quien digamos tiene una relación afectiva inversamente proporcional a la tenida con su hermana. Claro que mientras Tsuki acepta la decisión del rey, Umi no se queda de brazos cruzados aún sin que nadie la escuche. No, no es ninguna metáfora, literalmente no la escuchan... en serio ¿No me creen? Lean este primer intento:

“-Umi... he venido a pedirle a tu padre... tu mano en matrimonio.
(ella guarda breve silencio por la sorpresa)
-¡¿Ves?! ¡Te dije que le agradaría la idea! ¡Está tan entusiasmada que ni hablar puede! –Retoma la palabra el rey, antes de abrazar a su hija sin dejar que diga palabra.
-Padre...yo…e-e-este… -Tartamudea pero él no le presta atención.
-Señor, cre…
-Sí Chiba, buena idea, vamos a tomar un té. Y luego ustedes van a caminar al parque para que conversen de una fecha o algo ¿les parece?
-Pero padre, yo no...
-Señor – (Y ahora Tsuki interviene llamando al rey)”

Tres fracasos después...
"-Déjame decir que estoy muy feliz que no te hayas opuesto a la boda –Sonríe acercándose –Porque de verdad me gustas mucho –Finaliza y le da un beso interrumpiéndola como todo el día lo han hecho.
-E-es que yo... –Titubea con los ojos muy abiertos al tiempo que suena un “bip bip”.
Atarantado el príncipe revisa sus bolsillos para dar con el localizador que allí ocultaba.
-Debo irme, cuánto lo lamento – Informa con rapidez, antes de alejarse.
-Pero, Chiba, yo... – Intenta detenerlo inútilmente, ya que su terno se desliza entre sus dedos como el agua.
-¡Nos vemos mañana en la cena de compromiso! ¡Adiós!"
Como si no bastara la gente, ahora también la interrumpen los objetos
Tenía que mostrarlo ¡Aquí ya estaba con carcajadas!

No se engañen, si no la escuchan es por mala cueva y no porque sea tímida. Como la princesa que es tiene su carácter, por lo tanto asumiendo que en algún minuto se haría oír hice mis hipótesis de posibles finales... y me llevé un chasco. Con suerte le achunté a una ¡y en un 50%! ¿Por qué? Pues porque Sasami juega con la trama y me deja un grato sabor y muchas palabras en la boca; pero ya les soplé mucho, veré otros puntos antes dejando como dicen “lo mejor para el final”.

¿Recuerdan ese circulito negro y blanco símbolo del Ying Yang? Bueno, como si estuviera viendo uno me sentí con los personajes. Por una parte en perfiles y carácter se muestran realistas y familiares, mostrando facetas que bien pueden recordar a ése padre, ésa madre o aquél hermano fastidioso. Ninguno es discordante en sus maneras y actúan de acuerdo a lo que dicen o piensan; aunque también se dieron los que fueron medio olvidados por sus roles secundarios, sin embargo no encontré baches de carácter. Y la otra mitad del taijitu está en la descripción física, donde si bien Hanatsuki a veces esquiva la trampa del temido tripack, igual da pocos detalles y me costó imaginarme a ciertos personajes (hubo uno de quien sólo supe que tenía piel celeste y bigote blanco; ni siquiera puedo tacharlo de “bulto celeste”... quizás era flaco)

La presentación del planeta (alias ambientación) me dejó divertida y muy curiosa. Por un lado con las descripciones fue bipolar, por ejemplo: encontré una entretenida y muy buena descripción de un parque donde paseaban los novios, pero en otra instancia Sasami desperdició la oportunidad de mostrarme cómo era el jardín principal del castillo, cuando los personajes estaban instalados en una amena once (dudo que haya tenido sólo una banca y unas mesas donde se sentaron). Mientras que el trasfondo del planeta, la parte cultural y social me mostró un interesante paralelo: rasgos que pueden recordar nuestra cultura, como las castas sociales, el sistema monárquico y el que cada quien sepa su lugar y se mantenga allí... y al mismo tiempo otras facetas que bien podrían ser no compartidas o poco comunes, como la importancia que le dan a los videntes -mientras que en nuestra sociedad son motivo de risa o fraude-, o el que con todo su protocolo, los reyes valoren los sentimientos de sus hijos a la hora de los compromisos, incluso por encima del qué dirán (esto no sabría decir si es sólo de ese reino, o a nivel planetario); entre otras cosas que podrán apreciar si se animan a leer. Este juego de semejanzas y diferencias también se nota en aspectos más nimios, como la existencia de caballos y el crielgre. (¿No saben qué es? Como dije, lean)

En la narrativa no tengo mucho que decir (suerte para algunos). Encontré novedoso eso sí, el juego de focos entre las dos chicas principales de la historia. Sin destronar a Tsuki como protagonista, el intercambio de perspectivas de ésta con Umi y al revés es tan fluido, que me da la impresión que la misma Tsuki elige replegarse para que conozcamos más de Umi, y viceversa; en vez de sentirlo como algo “impuesto” por el autor, como generalmente me pasa en otros libros. Quizás el único tropiezo son un par de ocasiones en que, para mi gusto, de forma apurada se pasó la visión de un personaje a otro; por suerte es un desliz que no afecta a la lectura y queda totalmente al olvido con, la clara y ágil forma en que la autora narra, sobretodo en la segunda mitad del libro donde con un brinco en su clímax junto a un remate en todo el sentido de la palabra –literalmente –, te entrega más emoción y adrenalina en menos páginas que novelas mucho más gordas (Lo que es decir, valga que el librito tiene menos de 80 páginas ¿alguien responde el desafío? ¿Quién dijo yo?)

Y ahora sí vamos a la torta del cumpleaños: la esperada trama, de quien como dije antes, no di pie con bola en mis predicciones. Creo que ése es el punto más interesante de la novela: tiene un inicio aparentemente predecible, que lejos de quitarte las ganas de seguir leyendo, igual te entretiene y atrapa mientras haces apuestas de cómo terminará, sin notar las pistas sutiles que Sasami va entregando del desvío, (comienzo a pensar que juega con uno y no con la trama) y cuando te acercas al clímax y tienes el epílogo listo en tu cabeza, te voltea el pronóstico como calcetín dejándote con esa expresión atolondrada, más un ego herido mientras miras el libro y piensas “debí verlo venir”. En especial con las últimas páginas donde la tortilla –digo la historia– da un giro tan completo que apostaría que de diez lectores con suerte uno podrá predecirlo de antemano. Si bien tiene un hilo suelto y es que si los azules no son magos ni están relacionados con la magia ¿por qué la sienten? Igual es una duda que despertó mi curiosidad y que, sin ser el eje de la trama tiene cierta importancia. Supongo que si esa habilidad no estuviera, hablaríamos de una Muerte Súbita en vez de un Ocaso, y cierta azul hubiera necesitado un Google maps para no quedar como Nemo en el tremendo castillo, buscando al bendito hechicero. Con todo, el soplo de velas habría sido el mismo.
Más destacable encuentro la motivación de “los visitantes”. Queda muy ambigua (aunque pillé unas sutiles pistas para sacar teorías); algo bien criticable si no fuera porque se ve en el libro que la omisión es aposta en los personajes, y no un desliz de la autora. Amén que el final de Ocaso avisa a gritos una continuación que, a todas luces deja ese “motor” como un aspecto crucial de la secuela. Así, es entendible que Hanatsuki se meta esa carta al bolsillo, dejándonos con un hueco en la trama que incluso sin continuación, se justifica gracias al actuar de los personajes, aunque –personalmente –si no se explicara más adelante me dejaría muy frustrada.

Sin más que decir vuelvo a mi rincón, con una sonrisa de oreja a oreja por descubrir esta pequeña e intensa historia, recomendándola sobretodo a quien guste de la fantasía, una novela que les sacará más de una risa y más de un sobresalto, con sus vueltas de tuerca y tal vez... deban armarse de un paquete de pañuelos Elite.
¡Felices lecturas para todos!
S. K. Seibert.

lunes, 2 de marzo de 2015

Candragar



“Descubriendo el teorema Camilcéntrico”

Dignísimos compañeros lectores: ¿cómo se encuentran?

Aquí me tienen, preguntándome si mi disposición total a leer lo que se me cruce por delante no me dará un susto de aquellos. Porque en los libros hay de todo: fomes, piolas, excelentes, malos, raros y libros como el que acabo de leer: Candragar, de la chilena Camila Trabucco, que me dejó una sensación rara.

La novela comienza con Camille de 16 años a quien un día cualquiera se le presenta en su cuarto una mujer desconocida para llevársela ¿a dónde? Camille no lo sabe, pero la sigue. Así llegan a una escuela de magos en otra dimensión, se entera que tiene magia y que va a estudiar ahí; donde conoce a unos chicos que la invitan a participar del juego de tablero llamado Candragar.
Tomo aire y hago una pausa...

Comencemos por el camino más rápido: debo reconocer que el ambiente del instituto mágico en sí con su metodología de enseñanzas, me pareció de una perspectiva fuera de la esperada, dejándome con la impresión que hacer magia es mucho más complejo de lo que parece. Si bien no es el primer libro mágico que menciona que el poder está en uno y no en varitas, sí es el primero que leo que se desliga de las mismas (y cualquier objeto) para ejecutarla. Lastimosamente fue un aspecto no explotado (porque los chicos preferían jugar Candragar que asistir a clases) y las veces que hubo más información, Trabucco la dio con poca sencillez y mucho tecnicismo, para tratarse de un universo recién presentado.
            Otro punto bien trabajo es la parte histórica. (Aunque de los seis viajes hubo dos que no tuvieron ficha histórica) La ambientación allí, las explicaciones sobre la época y sus costumbres, fechas y nombres, todo revela un buen estudio y un pulido trabajo... Pero al ser un mero aspecto del juego pierde todo valor. Difícil que lo tenga, si el mismo juego no tiene razón en la trama principal. ¿Ah, no? ¿No la tiene?
           
Lo sé, al llamarse así el libro uno imagina que será el eje principal; una suposición tan firme como castillo de barro; bien podrían sacar al juego de la historia y tanto el clímax como el conflicto que se cuece por debajo serían los mismos, y así como no hay relación entre el juego y el resto de la historia, tampoco hay coherencia. Muestran a cuatro jóvenes “elegidos” para jugarlo, no obstante no aclaran por qué son sólo ellos ni porqué esperaban a Camille para iniciar.
Vale, vale, pueden ser pelos de la cola, podría tragármelo en silencio pero... que me salgan conque ninguno del cuarteto sabe de qué tratará el juego, y ya inmersos en él todos sepan dónde se encuentran, qué deben buscar y todo lo demás... ¿Esperan que me lo crea? ¿En serio?
Del juego salto a los jugadores y al resto de los personajes: Primero tenemos a  cuatro chiquillos de distintas naciones quienes no sólo son capaces de jugar algo sin saber de qué trata, sino que además no tienen problemas en comunicarse entre sí. Ok, se dice que hay unas “lenguas de la magia” pero... al menos Camille, quien los conoce en su primer día de clases, sólo sabe su natal francés. ¿No pudo leerse un libro de hechizos en croata, pero sí pudo hablar perfectamente con la chica italiana y el chico alemán?
Y aquí la lógica sufre de una muerte prematura.

Como decía, Camila nos presenta unos perfiles tan variados como clones: a pesar de las distintas naciones y por ende, tener su cultura e influencias propias, todos se expresan de la misma, educada y culta forma. Ninguno tiene un sello al hablar, o es más  coloquial que los otros... en fin, podría jugar a cambiar de lugar los nombres en los diálogos y seguro nadie lo nota. Del físico ni hablemos: el famoso tripack de colores... a veces altura y... ¿una buena vestimenta? Y ya está. (Curiosamente, los únicos personajes que escapan a esas dos maldiciones son episódicos o secundarios sin importancia) Del resto sólo se menciona algo más para destacar lo “bellos y guapos” que son, ya que si hubo un feo por ahí, la autora tuvo la suficiente consideración para ahorrarle la vergüenza y evitar que lo sepamos.

Repasemos: Un título que no tiene razón de estar, unos personajes planos como tablas de surf... ¿Qué falta? Obvio, el plato fuerte: Camille Delaunoy, a quien dedico su propio espacio ¿por qué? Porque es la columna vertebral del libro.

Es la típica chica con quien inicia cualquier historia, de ésas que sacan deducciones (simples y refutables) que sorprenden a sus oyentes llegando a tacharlas de verdades absolutas; es de ésas que aunque no lleva un día en el Instituto, ya asiste a las clases más avanzadas de su nivel ejecutando hechizos a la perfección desde la primera vez. Camille es del tipo que sin haber alzado una espada en su vida, tras un día se maneja igual que los soldados que llevan años practicando; la que sin haber estado en un barco pirata corrige sobre cómo poner los cañones; Esa joven con tal liderazgo que convence a todos por igual con su carácter “locuaz y dinámico” y aunque tiene pésima memoria, durante toda la novela no se equivoca nunca –y cuando lo hace se retracta a tiempo sin razón alguna –. Es la que causó todo un enfrentamiento entre ambas ligas por su mera existencia (creo que a los enemigos les hubiera valido más asesinarla para callado); es tan cool que por su sangre tiene más energía, poder y resistencia que los demás (¡y ya desarrollado!) Incluso entre los Terranos, es y será la única tras cinco generaciones en llegar a los niveles más altos de poder. Es la Última Terrana, el estandarte con patas del bando de “los buenos”.
(¿Aún nadie quiere matarla?)

Sinceramente, el libro bien pudo llamarse “Camille” y tendría más sentido.

Ahora, vamos a los baches con el perfil de Camille. Si algo nos dejan en claro es que tiene una personalidad “auténtica e inmutable”; pero, es TAN inmutable que cuando Michelle se la quiere llevar por primera vez, ella se niega con argumentos válidos... pero una sonrisa y palabras amables son suficientes para cambiarle el discurso dos veces, logrando que la siga sin resistencia. Con este ejemplo quiero decir que si los personajes resultaban poco creíbles por su nulo desarrollo, Camille se lleva el trofeo por un “perfecto desarrollo” de joven adolescente “normal”. Basta con ver cómo reacciona cuando le revelan quién es su verdadera madre:

-“Eres mi hija-
-Así parece… nunca me contaron que era adoptada, mis padres no…
-Ellos tampoco lo saben…(Aquí va una explicación de cómo los engañaron)… se hace tarde, mejor dejamos tus preguntas para otro día.
-Tienes razón, hasta que me sienta más preparada para recibir las respuestas –Las dos sonríen antes de retomar a las Puertas Principales”

Niña, te acaban de decir que tu madre no es quien creías ¿Y actúas como si te dijeran que tu almuerzo será tallarines en vez de arroz?
(Y tras leer me golpeé la cabeza con el libro, porque la pared estaba muy dura)

Los vacíos suman y siguen a lo largo de la historia, incluso en aspectos menos globales, como por ejemplo:
  1. ¿Por qué Candragar entrega ciertos premios y sólo a algunos jugadores?
  2. ¿Qué pasa con Aurora, la tercera Fundadora y su legado y descendientes?
  3. ¿Por qué el agua no se considera una magia elemental? O más bien ¿Por qué Camille no se pregunta eso, siendo que creció en nuestra dimensión?
  4. Y más importante: la motivación de “los malos” ¿Cuál vendría siendo? ¿Con qué justifican su actuar para considerarlo correcto?

La batalla final es otro punto de discusión: Todo va normal hasta que muere alguien relevante para Camille y... ¿se llevan al chico y se acaba la pelea? ¿Por qué se detuvieron los malos si aún no cumplían su cometido? (y más encima, parecían ir ganando)

Junto a los vacíos me quedan otras dudas: ¿Con qué afán destacan que el viaje entre portales es de un segundo con veinte centésimas, o que los personajes se demoran tres minutos y diez segundos en hacer un hechizo, o veinte minutos exactos en llegar a algún lado? Nadie los iba a acuchillar si tardaban más o menos. ¿Para qué me dictan el listado de traidores al Instituto, si sólo un nombre importa? ¿Me darán un premio si me los aprendo o qué?
¿Para qué mencionar TODOS los hechizos que los alumnos deben aprender, si cuando los usan explican qué efecto causó? ¿Para qué darnos toda esa información decorativa... en vez de responder a las mil y una preguntas que puse antes, y que ayudarían a darle más sentido al universo del libro?

Mi conclusión es que pudo haber sido una osada propuesta y romper esquemas al entablar la teoría de viajar en el tiempo y cambiarlo a consciencia, pero, faltó mucho más desarrollo, coherencia, un motivo para el instrumento en cuestión (el juego), llenar todos los vacíos –al menos los más importantes- y, tal vez, quizás hubiera dejado al lector cuestionándose si alterar al tiempo pasado es tan malo como siempre se ha dicho, o no. Así como está, sólo deja un millón de dudas, junto a la sensación que el juego y sus derivados no tiene razón de ser (por tanto, tampoco la tesis del tiempo) y, personalmente, las ganas de tener un alfiler para reventar cierta personalidad “protagónicamente inflada”.

            Ahora sí vuelvo a mi rincón, algo curada de espanto y lista para tomar una agüita de manzanilla que me quite el mareo; mientras pienso en si empezar a crear filtros para los siguientes libros que lleguen a mis manos. ¿Para qué me molesto? Seguro opto por leerlo todo igual (creo que tengo una vena masoquista por ahí)

Deseándoles una mejor suerte con los libros, me despido con lo de siempre:
¡Feliz lectura para todos!
S. K. Seibert.
                                 
PD: Creo que no necesito decir si acaso lo recomiendo...

miércoles, 18 de febrero de 2015

El Dominio Caído

“No hay peor ciego
que el que no quiere ver”



¿Qué tal, amigos lectores?
No alcancé a estar ni dos días en mi rincón antes de recibir la invitación del chileno Cristián Tejada Urbina, para recorrer con entrada liberada el universo de su obra El Dominio Caído. Un relato catalogado como “una auténtica space opera” lo que al principio me intrigó un poco pues, tras averiguar algo del tema descubrí que nunca me había tocado leer de ese género. Pero como jamás niego un libro, me lancé del trampolín a ver qué pillaba al otro lado.

De entrada me encontré con un universo futurista: tecnología de punta, viajes entre planetas a la orden del día, y un problemón que se vive en La Tierra de ese entonces, administrada –a nivel mundial- por un régimen Comunista, con su actual presidente a un paso de la renuncia, pues vive acosado por el líder de Nexus, planeta base de Los Rebeldes que encandilan a las masas con la propuesta de un nuevo sistema totalmente desconocido y supuestamente, mejor para ellos: El Capitalista. Con el conflicto servido y a fuego alto, la ampolleta curiosa se me enciende cuando aparece un personaje del cual sólo se sabe su nombre; Álticus Dion, proveniente de otra galaxia –de la que no se sabe mucho tampoco- y que dice tener la solución mágica al conflicto que enfrenta El Dominio en la Tierra.
Así, con esta nueva esperanza el “bando comunista” se pone las pilas y el libro avanza con la rapidez propia de un ambiente en plena crisis.

Debo reconocer que inicié esta lectura con un poquitín de recelo: temía hallar mucho lenguaje técnico y confundirme, o derechamente aburrirme. Sin embargo me encontré con una descripción de lugares y situaciones simple y clara, la cual me entretuvo y dio rienda suelta a mi imaginación, y cada vez que aparece un “aspecto técnico”, Cristián nos da su explicación de forma natural en la lectura, como el caso de los Cruceros espaciales y el poder bélico que tienen, así como las armas y sus daños; todo esto al final me ayudó a imaginarme cuál bando llevaba la delantera, o cuál tenía más opción de triunfo en cada enfrentamiento... aunque claro, no siempre mis pronósticos resultaron ciertos, y es que los personajes, como las personas, pueden ser bastante impredecibles.

Hablando del cordero, puedo decir que los personajes me dejaron un buen sabor de boca; no sólo en sus perfiles que fueron apareciendo en su justa medida –sin tirarte una bomba de detalles, pero tampoco en gotario recién a mitad del libro- sino que sobretodo en el desarrollo sicológico de cada uno, sus motivaciones y acciones que al ser variadas seguro permitirán a más de un lector sentirse identificado.
Aquí destaco un detalle que llamó mi atención y es que a la hora de la verdad, un personaje del grupo de “los malos” muestra más honor, ética y compasión, que varios otros del grupo de “los buenos”.


Por otro lado la historia va a un ritmo constante, atrapa más no de inmediato; y aunque no es de esos libros que no puedes dejar ni para ir al baño... tampoco es de aquellos que decides “terminarlos después”. Las ganas de saber lo que pasará siguen vivas y al menos debes echarle un vistazo antes de irte a dormir, o eso me pasó. Tampoco encontré a un protagonista declarado desde el inicio, sino que éste fue agarrando cámara a lo largo de la narración; para mi gusto es un giro diferente y novedoso.

En contra debo criticar que me topé con muchas palabras repetidas en algunos fragmentos, por ejemplo: “….lo primero que hicieron fue prender la chimenea, y luego ambos se acostaron cerca de la chimenea en la alfombra… el salón donde estaban era iluminado solamente por el fuego de la chimenea. Una luz rojiza cubría parte de la habitación, la flama de la chimenea bailaba lentamente…”
¿A alguien no le quedó claro que había una chimenea?
            Tenía que poner esto. ¡Terminó dándome risa!

Tejada también comete un abuso de los nombres de los personajes, en vez de usar los adjetivos “chico/a, muchacho/a, señor/a, joven, viejo/a” lo que a su vez se convierte en otro tipo de redundancia que entorpece la lectura, y siguiendo la tónica en ciertas partes hay una invasión de puntos seguidos que me recordó lo que yo llamo “el formato telegrama”, lo que no va con una lectura fluida.
Ahora bien, admito que no sabría si el tirón de orejas aquí sería sólo para Tejada, o también para su editorial, después de todo, parte de su trabajo es hacerle ver al autor ese tipo de errores.
           
Por último, aunque no menos importante, creo que la obra en esencia nos enseña que cómo estando en una realidad gris, ningún extremo vendría siendo lo perfecto; ambos tienen sus propios defectos y el no verlos viene siendo lo peor, pues así jamás se podrá trabajar en corregirlos. Algo que acá se visualiza en los regímenes expuestos, pero se puede aplicar a muchos aspectos de la vida misma. Así como lo triste que resulta el comparar las acciones de algunas autoridades del libro (mandar bombardear toda una ciudad para acabar con un puñado de rebeldes, para al final descubrir que los primeros huyeron antes, y que lo único “lamentable” sea eso y no las muertes inocentes que hubieron, por ejemplo) con algunas autoridades de la vida real misma, es para pensar en lo preocupante que puede ser la influencia del Poder, así como si en realidad “el fin” valdrá “los medios” que se ocupen para llegar a él.


Pensando en esas cosas me vuelvo a mi rincón, feliz de haberme topado con un interesante y divertido libro que recomiendo. Sobre todo a quienes son amantes de la space opera, y también a quienes no porque así como yo, no tendrán problemas en ambientarse y disfrutar del panorama presentado.

¡Feliz lectura para todos!
S. K. Seibert.


miércoles, 31 de diciembre de 2014

Alicia en el país de las Maravillas


"Logrado, por fin, el silencio,
con la imaginación se van,
tras esa niña soñada,
por un mundo nuevo de raras maravillas"


Heme aquí, vestida con mi mejor traje luego de sacar la alfombra roja, lista para abrir el rincón de los clásicos, donde tienen cabida aquellos libros de los que todos (o la gran mayoría) supimos alguna vez. Y encontré ideal estrenarlo con uno que para mí vino con anécdota. Pues, habiéndome visto al menos tres películas recién vengo a notar que el libro, propiamente tal, no lo había leído. Así, me armé de un ejemplar y seguí a Alicia en su persecución conejil.

¿Y qué encontré? Pues ya me dirán qué se consigue al perseguir a un conejo que habla y mira la hora... Alicia pilló un agujero, yo me encontré con una lectura que admito, no recuerdo haber experimentado en otros libros. Tan cercana, familiar, como si en vez de leer estuviera oyendo un relato verbal del escritor. Fue una sensación nueva que me dejó un buen sabor de boca, y seguramente fue la razón para que, como en mis lecturas de antaño, lograra atraparme de tal forma que terminé devorando el libro en menos de dos días.

El País de las Maravillas que Lewis Carroll me presentó lo encontré como un revoltijo de la más ridícula incoherencia, junto al más profundo de los análisis. Y es que destaco la inteligente creatividad del autor y la obra misma, que a pesar de la locura aparente que muestra en sus personajes y situaciones, sorprende con el sentido que les da a los mismos. Incluso la eterna merienda del Sombrerero tiene su razón, así como el porqué la Reina de Corazones aún posee súbitos en su afán de cortar cabezas. Aparte de ésos diálogos que, a mi parecer, ocultan una reflexión a modo personal, como el famoso “¿Quién eres tú?” de la Oruga, o el Gato de Cheshire y su genial forma de dar –o no dar– indicaciones:
“-Minino de Cheshire ¿podrías decirme por favor qué camino tomar para salir de aquí?
-Eso depende en gran parte del lugar a donde quieras ir.
-No me importa mucho el lugar.
-Entonces poco importa el camino que tomes.”

En los personajes no hay mucho que decir, aparte que todos están locos (¿o no?) Reconozco que eché de menos un poco más de descripción o perfiles, pero dado el contexto admito que no era necesario. Y en los casos que sí, se dio en su justa medida, siendo la prota el mayor ejemplo. Sin que me la describieran derechamente, pude notar que es una niña muy curiosa, muy parlanchina y muy metepatas, sobretodo con la lengua (y para su mal, se encuentra con personajes que se ofenden fácilmente). Aquí no puedo dejar de mencionar al que se convirtió en mi favorito: “la pobre Lagartija Bill” –citando al mismo autor– que me sacó más de una risa en su secundario rol “quemado”, siendo el típico caso del personaje al que le pasan todos los chascarros.

Sin más, sólo me resta recomendarles plenamente esta gran obra del autor británico Lewis Carroll; definitivamente el libro es mejor que cualquier película y ahora puedo dar plena fe de ello. Dicho esto me voy a mi rincón, donde me espera la Oruga azul con un té para seguir con nuestras discusiones filosóficas sobre la vida misma.
¡Buenos libros para todos!
S. K. Seibert.

jueves, 4 de diciembre de 2014

Misterios y Revelaciones en Allasneda

Y descubrimos…
que murió la lógica con el apagón de la última estrella

 “Érase una vez una pequeña exploradora que llegó a un gran cerro, en cuya punta decían estaba la mayor Olla de Chocolate del mundo. Como le encantaba la dulce golosina -y vio un delineado camino de tierra-, no tardó en correr por ahí deseando que la leyenda fuera cierta. Sin embargo no alcanzó a dar ni diez pasos antes de tropezarse con una roca; muy grande y seguro bien camuflada, pues al levantarse no entendió cómo con su tamaño no la vio venir. Sin darle más importancia siguió avanzando, un poco más lento que antes y observando más el camino, lleno de flores a los lados y pequeños arbustos y ¿una rama? ¡zaz! Aquella golpeó su cabeza con fuerza y su pelo se atoró con otra.
Confundida al liberarse notó que eran parte de un árbol... que no había estado ahí antes. ¿O ella no lo vio?
—primero rocas, ahora árboles— pensó. Seria y dispuesta a no dejarse sorprender continuó a paso firme, viendo sólo las flores a su alrededor; todas de un dulce aroma, tan relajante que comenzó a bostezar y por poco se queda dormida. Aunque el hoyo (por el que cayó unos pasos más adelante) se encargó de despertarla.
Tras salir con esfuerzo de él y recibir una helada ventisca que la obligó a abrazarse, siguió con porfía su engañoso camino, ahora preguntándose si la leyenda también sería falsa o no”

Ejem, ejem.
Antes que alguien me pregunte de cuál fumo, aclaro que el cuento de arriba es una simbólica manera de expresar cómo me sentí en el movido viaje dentro de la ciudad de Allasneda, descrita por la autora Chilena Sascha Hannig. Y dado que fueron dos historias las contadas (y no una en dos partes, como pensé en un inicio) las veré por separado, pues las impresiones fueron muy diferentes:


Comenzamos con La lógica de la muerte
Este relato me llevó a la localidad de Puerto Nataliano junto a Thomas Belger (el prota) un joven científico que debe resolver la serie de asesinatos inexplicables que allí pasan: un muerto por día y todos a la misma hora.

La idea base la encontré buena, coherente y con cierto potencial que pudo mezclarse con el aspecto mágico de la trama. Lamentablemente, una idea por sí sola no basta para hacer una historia buena. Y en La lógica me quedó más que clara la enseñanza.
Con la ambientación ya percibí los problemas. No leí mucha descripción de los lugares o las situaciones. Por ejemplo; me muestran una idea general del puerto, pero no me colocan que Víctor (el sobrino de Thomas) se encuentra en el cuarto cuando éste ingresa (menos si acostado, sentado, mirando el techo, qué se yo) y sólo me entero cuando aquél habla... porque la frase empieza con la palabra “tío”, no porque luego de la oración se aclare que es él -y no un fantasma como bien podría pensar-. En el mismo marco, luego Thomas va a la cocina a conversar con la casera... y de pronto Víctor aparece comentando que envió una carta. ¿No que el chiquillo estaba en el cuarto? ¿Cuándo se movió?
Está bien que el libro tenga su toque paranormal, pero dudo que estos casos se deban a “invocaciones espontáneas”.

Los diálogos tampoco se salvan. Hay guiones mezclados con comillas que muchas veces los reemplazan; amén de encontrarse pegados entre sí como si todos formaran un texto narrativo. Digamos que las vi negras para lograr captar quién decía qué cosa, y si la frase en cuestión era verbal o un pensamiento del personaje. No miento al decir que tuve que dar una segunda o incluso tercera lectura en más de una ocasión. La cosa mejora un poco cuando llevas más de la mitad de la lectura, algo tarde para mi gusto.
Y hablando de diálogos, no puedo dejar pasar uno en el cual, por primera vez en toda mi vida de lectora, me encontré con que el prota estaba hablando “con ella”, ¡sin que en algún momento se aclare quién rayos era ella! (para los incrédulos, pág. 28). Creo que como lectora y escritora, no peco de estricta al decir que lo mínimo que espero encontrar en un diálogo, es saber quiénes están hablando.

En los personajes choqué con una falta de desarrollo tanto física como emocional. Sascha tiene una tendencia a usar los ojos como medio descriptivo en distintos aspectos y momentos: “Lo miró con sus grandes ojos” “cabellera rubia y ojos oscuros” “cabello anaranjado, largo y ojos verdes” “Sus ojos eran crueles” “desvió la vista por unos segundos” “dijo mirándolo a los ojos”. Oye, si también la gente tiene narices, bocas, manos, cejas... etc.
Irónicamente vi un par de perfiles físicos interesantes en personajes que sólo aparecen una vez, mientras que los importantes recibieron el archiconocido tripack de “color de pelo, ojos y altura”. En su momento la autora nos dice que para Thomas “criar a su sobrino fue un infierno”... ¿por qué? ¿qué pasó para que lo sintiera así? No puedo conectarme con el personaje si no me explican nada. En lo personal creo que hubiera sido una buena instancia para conocer tanto al tío como al sobrino (de quien sólo se dice que tiene unos traumas por la muerte de sus padres y sería).
Y de la raíz me voy al tallo: Tratándose de una historia que tiene al menos tres momentos críticos, y uno o dos que podrían sacar algunas lagrimitas... me resulta preocupante el que no haya sentido casi nada al leerlos. Dios, estuve leyendo como casi torturaban al prota, y me sentí igual que si hubiera leído que se fue a lavar los dientes. ¿Por qué? Me temo que franca y simplemente estaba más ocupada intentando visualizar qué ocurría. Sí, volvemos al problemón de las descripciones. Que si no es escasa, es enredada y al final a lo más da un cosquilleo que indica que la lectura empieza a atraparte... pero sin lograr ese enganche que uno espera sentir.
Creo que el lío principal aquí es que Sascha en su intento por no mostrar manzanitas y repetirse las ideas (lo que no está mal, de hecho) se pasa al otro extremo y termina escondiendo el refrigerador completo, haciendo que muchas veces me quede con la impresión de andar “deduciendo” que cosas pasaron o quién dijo qué cosa... incluso en situaciones en que simplemente debería leerlo y no interpretarlo.
Fue triste para mí sentir cómo una buena idea no sólo “no fue explotada en su totalidad”, sino que además tuvo una “pobre presentación” que terminó dejándola con menos brillo del que pudo haber tenido. Un diamante sin pulir.


Tengan aquí mi gran presentación del segundo relato.
La última Estrella de la Vasguardia:
Seré sincera: luego del pastelazo anterior, comencé esta historia sin muchas expectativas. Por lo mismo resultó curioso lo que encontré en la primera página: aparece William, un joven antaño alegre, ahora un arrogante malhumorado que vive en una granja heredada, sólo con sus sirvientes porque su familia murió por la plaga blanca.
¿Huelen eso? ¿Piensan lo mismo que yo? ¡He aquí una presentación de personaje como Dios manda! No han pasado ni dos hojas y ya sé que el prota es un “querubín” con dinero en sus bolsillos (tiene sirvientes, digo yo) Y si pensamos que en un semestre se le murió hasta el perro, dejándolo más solo que el dedo gordo... es para amargarse ¿no?
Llevando cuatro páginas leídas lo confirmé: esta pluma de la escritora tenía sus diferencias con la anterior. Y diferencias para mejor, lo que fue más intrigante. (Tengo mis teorías, pero no vienen al caso aquí) Como imaginarán, lo primero que noté fue que había presentación de personajes, así como descripción de situaciones y lugares. Ésta sigo hallándolas medias básicas, pero al menos son claras y ya no hay “personajes invocados” que no se sabe de dónde salieron a escena.
También volvieron los guiones en gloria y majestad, sin comillas que los usurpen; aunque los diálogos siguen pegados como chicles (sigue sin gustarme eso) pero admito que es mucho más entendible la conversación presentada. También me encontré con más diálogos hechos con el formato tradicional, lo que sumó más puntos a la claridad del panorama.

Un hecho que encontré curioso en este relato es la aparición de Thomas Belger como un secundario crucial. No sólo me sorprendió que en La Estrella se mostrara un perfil físico de su persona más detallado que en La Lógica (donde era el prota... ¿WTF? ¡Exijo una explicación!) sino que además cuando me andaba preguntando cómo se relacionaría William con él, me encuentro con que el carácter de este Thomas es muy diferente al que conocí, lo que me dejó con la desagradable idea de una alteración de carácter.
Okey, después me aclaran que Thomas es mayor a como era en la otra historia, pero, además de darse tardíamente la información, nunca me entero de cuánto tiempo ha pasado (¿un año? ¿cinco? Para el cambio que se muestra yo mínimo le doy diez) Al final la idea de una evolución de carácter sólo quedó en eso, una idea.
Y como dice la frase “lo mejor para el final”, en La Estrella pasa casi de forma textual. El juego narrativo que ésta pluma de Sascha creó, haciéndome sospechar del villano, para luego terminar olvidándolo con el desarrollo de la trama hasta que ya se descubrió todo, dejándome con un vívido factor sorpresa, una emoción que volví a revivir en las últimas líneas del texto con un remate inesperado, y un final ¿feliz?
Al menos uno que logró a mi gusto el impacto buscado, lo que no ocurre con La Lógica. Incluso creo que el fantasma que se muestra en La Estrella, resulta ser un contra para el final de La Lógica.

Redoble tambores, aquí viene la hora de la verdad: ¿Lo recomiendo o no?
Si fueran libros separados, recomendaría La última estrella de la Vasguardia; Que si bien no tiene una narración envidiable, sí posee una buena idea base, un desarrollo decente de trama y un final que -en mi opinión- causó buena impresión. Pero, son dos historias en un libro, así que inclino la balanza hacia un NO.
Pese a todos los puntos a favor que encontré en La última estrella, no llega a tanto para compensar lo malo de La lógica (peor si tenemos en cuenta que éste va primero en la lectura) así que no lo recomiendo para leer. Pero ya saben, si quieren corroborar qué tan “cierta” es mi opinión, puramente llevarme la contraria o, idóneamente formarse su propio juicio, sólo deben encontrar un ejemplar y ponerse a leerlo.
Sin más me retiro a mi rincón. Un poco desconcertada por el reciente libro: Historias tan opuestas de una misma pluma.

Felices lecturas para todos.
S. K. Seibert.