jueves, 17 de marzo de 2016

La Cúpula Dorada

Y luego vendrá el templo plateado?
Hola amigos!

  Aquí me tienen de nuevo abandonando las sombras, con un pequeño texto que me entretuvo bastante pese a ser un género que no acostumbro a leer.

   La Cúpula Dorada, de Carlos Marchant Pizarro, es un libro de diversos poemas, dividido en tres partes que, para mi gusto muestran distintos ambientes. La primera tiene poemas personales o románticos, la segunda con un toque más mitológico o fantástico y la tercera, esa me cuesta encasillar, tal vez porque tiene más poemas que las otras, amén que varían en sus temas.
   A modo muy personal agradecí que no tuvieran tanto simbolismo (eso de buscar la quinta pata al gato no me fascina precisamente) y de forma cercana con una agradable rima, Carlos me mostró desde aspectos tan simples como recuerdos del pasado (Sala Dieciséis es un lindo ejemplo) hasta verdaderas críticas a problemas sociales de la actualidad, como en La Cúpula de Oro, su último poema que a mi gusto, deja entrever un importante mensaje -amén de ser la fuente del título del libro, imagino-

    Sin meterme tanto en lo técnico, porque hay que seguir el lema "zapatero a tus zapatos" y seamos sinceros…. esos zapatos no me entran, jajajajaja….
Como decía, creo que  Marchant consiguió entregarme historias propias en cada poema, si bien un par por ahí los sentí algo flojos con palabras muy típicas, otros me dejaron un aire tétrico como El Jinete del Este y dos en especial me emocionaron bastante.

   Sin duda, este es un pequeño libro de poemas que me ayudó a reintegrarme en el género, y por lo mismo lo recomiendo plenamente, en especial los títulos Cinco letras, cinco frases, La rosa y Dejaré -este último me hizo reír con su ironía romántica-

    Sin mas que decir y feliz de este reencuentro con el mundo poético, vuelvo a mi rincón preguntándome con qué proyecto nuevo me sorprenderán las Arius.
Felices lecturas para todos!
S. K. Seibert

miércoles, 2 de marzo de 2016

Sombras

"y ahora me deshago de mi computador”


¡Hola amigos!

Aquí me tienen de vuelta a las andadas, feliz con un lindo ejemplar cuyo contenido de lindo no tiene nada. Sí, he aquí mi primer (o segundo... perdón si me equivoco) ejemplar de terror en literatura, del que quedé muy satisfecha.
"Sombras", de John Saul, es un libro acorde a su título, con una historia que pese a su inicio engañosamente predecible, y tener tópicos clásicos del terror (un internado escolar "misterioso" que es lo máximo), me atrapó y lejos de soltarme fue asfixiándome cada vez más.
¿Por qué engañosamente predecible?
Porque inicia de una forma muy típica: tenemos a Josh Mac Callum, un niño genio de diez años que gracias a los esperables líos de convivencia con sus pares, termina inscrito en "La Academia", una escuela para niños como él. Allí encuentra el apoyo de sus nuevos camaradas entre los que destacan los gemelos Aldrich y Amy Carlson. Hasta ahí la trama va limpia, clara y sin mayor misterio. Pero todo se va a las pailas con el suicidio de uno de los gemelos, que es el primer paso para destruir lo típico y meterte de lleno en el torbellino que se forma a continuación, donde el autor se las arregla para darte vueltas de tortilla y definitivamente, engancharte con las ganas de saber qué hará el pequeño prota para salvarse de las fauces del lobo.

Quiero hacer hincapié en un aspecto que me gusto bastante: Los personajes. Y es que Saul no solo hace un buen trabajo con los rasgos físicos y perfiles, sino que también logra repartir los focos más allá de protagonista y villano, permitiendo que uno conozca un poco más allá al resto sin desentonar con la historia, y como no, dándonos ciertas sorpresas con algunos.
Personalmente me encanto y odié lo que hizo con los gemelos. Comencé la historia sintiendo más simpatía por Jeff que por Adam y al final resulta ser.... un verdadero cabrón que ve solo por si mismo. Ni hablemos de los villanos, muy bien desarrollados en las distintas situaciones, así como los niños en general, que con toda su brillantez cerebral, siguen siendo niños emocionalmente, algo que no se olvida dentro del libro.

La narrativa está bastante bien, atrayente y clara por lo general, aunque en ciertas ocasiones la sentí demasiado detallada (y lenta) al hablar de lugares o momentos. Más que aburrimiento, me causó cierto estrés, porque -aceptémoslo- cuando solo quieres saber si el mono sigue vivo tras un peligro, poco te importa que te hablen de donde salió tal papel tapiz o como es la casa de menganito. Por lo mismo debo decir que en ambientaciones de lugares y hechos, el autor lo supo hacer para que el lector imaginara lo que tenía en la cabeza.

Sin más, solo me resta recomendar plenamente esta novela de terror y suspenso, donde para mi gusto lo más terrible está en la certeza que nadie creerá ese terror que conoces, así como también la duda final que me quedo sobre... qué tan ficticio podría ser.
Como siempre, estaré encantada de compartir opiniones del libro y de mi pregunta final también, jajajaja.

Felices lecturas para todos!
Un poco atrasada… se despide…. S. K. Seibert.

viernes, 29 de enero de 2016

Pétalos para Darién

En las vueltas de la vida, unos solo salen mareados...
otros se revuelcan de indigestión.

¡Hola amigos! 

Aquí ando haciendo acto de presencia, con un libro que me ha sido entregado por cortesía de Editorial Puerto de Escape, con el que tuve sorpresas desde la primera página.

  ¿Que puedo decirles? El título Pétalos para Darién, de M. L. Sandoval, me dio todo el aire de un romance a distancia: una anónima mano escribiendo largas cartas de amor, con pétalos cayendo a su alrededor (casi puedo oír las risas del autor y quienes ya lo leyeron...) Abrí el libro con toda la expectativa y en las tres primeras páginas me encuentro con muertes, miedos, huidas en la oscuridad... que terminaron por espantar al último corazón esponjoso que resistía en mi cabeza.

  Y la cosa no cambia, las páginas avanzan y la densidad de la trama también. No es una lectura para niños, aunque uno de sus personajes principales sea una niña (Darién), quien se ve llevada en una fuga con su abuelo, arrancando de un asesino de niños que anda suelto por el lugar. Avanzando la historia uno nota que la amenaza no es tan simple, y las visitas de un desconocido de mala pinta no ayudan a soltar la madeja. Paralelamente, Sandoval teje otra historia alterna con tres ladrones que secuestran a alguien buscando tener un objeto de leyenda. Dos caminos independientes que, sin embargo, llegando para el final se entrelazan de una forma engañosa. Personalmente, me pareció una trama sin muchos secretos, donde su mayor enganche no está en un misterio brigido, sino en pequeños ases que aparecen en el momento preciso y te dejan con las ganas de saber como seguirá la cosa. Y como no, las vueltas de tuerca, creo que una vez dije que me encantan, pues aquí el autor me puso cabeza arriba a los personajes al final, dejándome con cara de idiota y mas al ir sintiendo de a poco que todo iba encajando.

  De las descripciones y personajes debo decir que encontré un poco de todo. Las primeras me fueron cómodas, si bien a veces me confundí con los nombres de los lugares, a la hora de ver los sitios donde ocurría la acción no tuve problema. Algunos más detallados que otros, ninguno me dio un aire ambiguo lo que se agradece a la hora de imaginar sitios desconocidos. De los personajes también tuve un grato sabor tanto en su físico como sus perfiles. Eso si, se me cayeron a la hora de expresarse. Salvo dos o tres, al resto lo percibí medio verborreico, dados a dar grandes respuestas y largas explicaciones incluso cuando nadie las pide... o el público no era el más apropiado (¿una niña de 9 años entendiendo palabras como coercitivo?... No sé)  Vale, dos podría aceptarlos porque tenían su justificación... pero, ¿incluso el tipo que por lo general solo soltaba un par de frases, sale de pronto con una gran historia?... Me sonó algo irreal.

 En un sentido más profundo y ayudados por una buena narrativa, los personajes cumplen plenamente con dejar en claro sus posturas, motivaciones, y de esa manera, hacer que me abanderase con alguno, molestara con otro, y preocupara del de más allá... sin contar la concienzuda reflexión de trasfondo que el autor nos deja con la temática, donde hasta la religión sale al baile de forma indirecta por medio del todopoderoso Goreon, entre otros temas no tan simples, pero tocados de una interesante manera.

  Sin más, recalco mi recomendación a este libro, que sin ser el romance que había imaginado y con una postura más realista, casi cruda, consiguió un puesto en mi interior (con todo, no me saco lagrimas jojojojo).

¡Feliz lectura para todos!
S. K. Seibert

PD: Desde este momento se abren las invitaciones para los comentarios XD y a quienes leyeron el libro, como siempre me encantaría saber qué les pareció.

viernes, 25 de diciembre de 2015

Los Sueños de GN-I

"Y pensar que sólo somos una pieza más"

¡Hola amigos!

     Vuelvo a las andadas, ahora con un ejemplar que reconozco me hizo difícil comenzar esto, ya que al tratarse de un grupo de cuentos se me traspapelaron las ideas. Comprenderán que no daré gran spoiler sobre qué trata cada uno, a lo más algunos guiños por debajo de las ideas generales.

     El chileno Michel Deb con su novela Los sueños de GN-I, son los culpables de mi temporal atolladero. En ella me encontré con una serie de historias cuyo eje parece estar en GN-I, una androide bien especial entre los suyos. Partiendo con la base de un ambiente futurista con viajes espaciales, los relatos de Michel cumplieron con su género atrapándome de inmediato (salvo uno que lo sentí medio lento) y forzándome a terminar la historia antes de soltar el libro cuando debía hacerlo (ya saben, esas malas costumbres que tenemos como dormir, comer...) Con una narración en la que no percibí  dudas ni lagunas, me mostró distintos relatos que a modo grosso me dieron una gran reflexión sobre la naturaleza humana, y me hicieron creer ciertas ideas de la tecnología que no están comprobadas.

     Si bien me gustaron casi todos, hay dos que no quiero dejar pasar porque llegaron a mis fibras sensibles: “Mariposas eléctricas”, en el que terminé amando a Pardo y su entrega, y “El Comienzo y el Fin”, donde entra en escena PT6, otro droide tan visionario como GN-I y que también comparte su miedo a la reacción social frente a lo desconocido. El tercer favorito vendría siendo “El día D”, me encantó el juego que hizo Deb al unir un hecho histórico con su propio tinte de ficción, dándome una vuelta de tuerca inesperada al final.

      Sin embargo, no puedo decir lo mismo del nexo de los cuentos como grupo y es que ahí me quedé con la sensación que el autor tuvo la idea de conectarlos entre sí, pero algo faltó... se notó la intención pero el círculo no lo vi cerrado al final.

        Sin más, recomiendo plenamente este libro, con pequeñas historias que les sacarán más de un sentimiento y más de una reflexiva lección a quienes se creen “el escalafón más alto de la evolución” 

¡Felices lecturas para todos!
S. K. Seibert




domingo, 8 de noviembre de 2015

Viaje al Fondo del Tiempo

  “Y al final... Rocky no era tan weón”

   
 ¿Qué tal amigos?
     Sí, aquí estoy, viva y coleando, con un kilo de disculpas por la épica tardanza, otro kilo de gratitud hacia quienes tuvieron la paciencia de esperar y, cómo no, un nuevo libro bajo el brazo para mostrar; cortesía del chileno Víctor Vargas Aguilera, su novela de ciencia ficción Cosmicrónicas: Viaje al Fondo del Tiempo, me viene de perilla para hacer que suelten esos tomates que iban a tirarme.

“Tres mayas son reclutados por un sacerdote sumerio para cumplir con una misión que evitará el fin de la vida en la tierra”
      Con este spoiler de la contratapa comienzo el guiño de la novela en la cual, con elegidos que de legendarios no tienen nada y un sabio guía que hace su rol cuando le da la gana, entre otros, Víctor nos cuenta un cómico relato que pinta a parodia de principio a fin.

       La narrativa es simple, de fácil comprensión y con un enganche que agarra de a poco. Así que ya pueden olvidar la idea de que me tardé porque el libro era fome. Al contrario, pero... digamos que la vida a veces te fuerza a posponer libros entretenidos.
       La descripción de lugares y momentos fue del mismo estilo: sin necesitar muchos detalles me permitió situarme en ellos cuando correspondía.
Siendo una novela en la que los hechos van a cierta velocidad, a veces da la impresión que el autor quiso apresurar demasiado las cosas, al punto de no narrar cuando es necesario. Por ejemplo: “-No digas eso, ahora me tienes a mí. Te prometo que te cuidaré. (la besa)” Vale, no pido un discurso sobre cómo lo hizo, pero haber cerrado el diálogo como corresponde y alargar un poco la frase, no mata a nadie y habría quedado mucho mejor. Por suerte, no es un aspecto que se repita mucho.

      De los personajes puedo decir que tengo sentimientos encontrados. En general me parecieron de una justa descripción y con un carácter simple, pero definido. Sobre los importantes (de quienes más se habla) debo decir que aunque me divirtieron y quedaron claros sus perfiles, me costó imaginarme a mayas de la época hablando una jerga que me parece, de los tiempos actuales. No así el caso del Chelo y Ramón, a mi parecer, los personajes mejor logrados y quienes más risas me sacaron, sobretodo cuando les tocaba interactuar.

      La trama tiene varios clichés de renombre: jóvenes elegidos, objetos importantes por encontrar, viajes a través del tiempo, incluso está el personaje que termina colándose por error en el embrollo, así como algunas teorías apocalípticas en cierta forma conocidas. Lo interesante y novedoso de todo esto es que Vargas agarra este amasijo predecible y por medio de irreverencias rompe los estereotipos dejando al lector con una sonrisa en los labios y la duda de si las cosas serán tan obvias como en un principio parecían. Quizás lo mejor de la obra es que a pesar de todo el aire paródico y lo aparentemente fuera de foco que se muestren unos personajes o situaciones, a la hora de la verdad la trama concluye de buena manera y cada quien, sin perder su anti-canon, termina cumpliendo a cabalidad el rol que le fue asignado.


     Puedo concluir diciendo que me divertí bastante leyendo esta novela y la recomiendo de plano, sobretodo a quienes deseen pasar un entretenido momento y burlarse un poco de los estereotipos hollywoodenses.
Sin más, vuelvo a mi rincón con la promesa de salir más seguido del mismo con nuevas novedades literarias.
¡Felices lecturas para todos!
S. K. Seibert.

martes, 21 de julio de 2015

El Club de la Buena Estrella



“Todos somos como una escalera, un escalón tras otro,
que llevan arriba y abajo pero en la misma dirección”


¿Qué cuentan, amigos lectores?

       Aquí me tienen de vuelta junto a un buen té contra el frío, mientras escribo con una sonrisa de oreja a oreja tras leer mi nuevo descubrimiento clásico, un libro que también fue base para una película del mismo nombre: El Club de la Buena Estrella, de Amy Tan. Gracias a la peli (muy buena) me fui al escrito (mucho mejor) por lo cual sólo me queda dar gracias a quien me presentó esta obra, antes de ponerme a divagar de ella:

       La novela nos muestra a cuatro mujeres chinas con dos cosas en común: son inmigrantes en Estados Unidos y poseen una gran amistad, cuyo lazo se refuerza por... “El Club de la Buena Estrella”, bautizo que dan a una serie de reuniones que realizan en las que juegan al Mah Jong y comparten sus anhelos y decepciones. A través de ellas se muestra un paralelo de sus relaciones con sus hijas, jóvenes criadas en Norteamérica y por lo mismo, con ideas un poco diferentes a sus madres. (¿Muy irónico el poco?... Yap, fin de la copucha que ya me fui mucho de lengua)

      Teniendo narración en 1° persona que refuerza el ánimo de cercanía entre lector y personaje, Amy me mostró una serie de historias donde supo ambientar ambas culturas y darles su protagonismo, además de marcar ese mudo choque que tienen, y que va repercutiendo en las vidas de los personajes. El libro me atrapó de inmediato y debo destacar la forma, sencilla a veces, poética otras, con que la autora logra transmitirte las emociones del minuto: ahora estás feliz porque An-Mei logró escapar de ese novio indeseable, luego tensa viendo a Lena ser testigo de esa discusión, más rato frustrada y triste como Ying-ying, por el milagro no concedido pese al esfuerzo, y después emocionada frente al viaje de Jing-mei; por nombrar algunos guiños. Quizás los únicos peros acá fueron, unas pocas redundancias en ciertos momentos, de las que remarco una que en vez de molestarme, terminó sonándome a chiste:

“Y yo veía a Shirley bailando un zapateado o cantando una canción de marineros o frunciendo los labios hasta formar una O muy redonda mientras decía – Oh, Dios mío –”
Por si quedaban dudas de lo repetida de la O... ¡me la remarcan!
¿No habrá sido aposta?

Más importante, pues me interrumpió el enganche un par de veces, fue encontrar el temido tropiezo de quien busca repartir el foco entre varios personajes: cuatro madres, cuatro hijas y todas con el mismo peso en la historia. Más unas que otras de pronto se me revolvieron y crucé parentescos y/o relatos, adjudicándole a Suyuan lo vivido por Lindo, o dejándole a ésta la hija de otra. Con todo, gracias a un buen orden de la narración y el conocer más a las mujeres con la lectura, las confusiones son cada vez menores; para andar manejando a ocho chicas, reconozco que la autora supo defenderse bien.

      Con los personajes tampoco se quedó atrás: bien presentados y perfilados también los sentí muy cercanos. Desde problemas que varían entre los densos y declarados –los que por muy dramáticos que se vean en el minuto, no puedo decir que esté libre de vivirlos– a trancas personales y silenciosas las que me atrevo a asegurar que al menos con una, o te sentirás identificad@ o te recordarán a alguien, madres e hijas van relatando sus experiencias y encontrones, haciendo que te sea muy difícil verlas con indiferencia: o las adoras o detestas según el momento; personalmente me gustaron todas, si bien Yin-ying y Waverly fueron las que más me llegaron.

       Creo que el mayor punto fuerte de este libro está en las historias mismas, explicadas en distintos relatos con su propia protagonista y que, sin embargo mantiene la línea de trama al estar entrelazados; un hilo que noté páginas más adelante y cual si estuviera armando un rompecabezas, terminé apreciando más la obra conforme me acercaba al final. También rescato ciertos momentos divertidos que, sutiles o descarados, Tan entrega a lo largo de la obra, a veces salpicados de ese tira y afloja entre ambas culturas (Un gran ejemplo es ése momento en que el novio norteamericano asiste a una cena familiar donde, ignorante de las costumbres chinas y con una cándida sonrisa arruina la velada, eso sí, “con la mejor de las intenciones”) O instantes de sabiduría, como el guiño a la idea de que los hijos aprenden más de ejemplos que de palabras, tan bien mostrado en la voz de An–Mei:
“Me educaron a la manera china: me enseñaron a no desear nada, a tragarme la desgracia de otros, a comerme mi amargura ¡Y aunque enseñé a mi hija lo contrario, ella ha seguido el mismo camino!”

       Claramente lo recomiendo de pé a pá, y encantada compartiré opiniones de esta novela con aires nostálgicos y familiares, que sin ser de esa índole, hasta podría tener tintes terapéuticos con las indirectas enseñanzas que entrega. Más allá de los gustos no veo un límite para la recomendación, aunque tal vez surjan algunas lagrimitas inesperadas al terminar la lectura. ¡Quién avisa no es traidor!
       Sin más vuelvo a mi rincón a tomarme mi pastillita, y luego saltaré al rincón vecino para darle un buen abrazo a mi madre.

¡Felices lecturas para todos!
S. K. Seibert.

lunes, 13 de julio de 2015

Su nombre era Dakiu



 “La Vengativa Venganza”
Estimadísimos:

      Sentada frente a una puesta de sol, comienzo a vislumbrar por qué la vida me ha presentado ciertos libros, los que cual fuego sobre hierro, forjaron mi cabecita para un momento como éste. Días atrás ahí estaba, tranquilita en mi rincón hasta que llegó mi amigo con su novedad: Te reto a que lo leas –dijo y acepté el desafío, aunque al ver su sonrisa marca “gato de Cheshire” debí echarme para atrás. 
       Pero no, ignoré las señales y ya a solas miré el ejemplar: “Su nombre era Dakiu” del autor chileno Jaime Medina; sin más ceremonia comencé a leer. Al ir en la décima página ya pensaba en mandarle un virus a mi querido amigo. Me explico en detalle:

       La novela nos muestra a Katrina, una joven que tras morir “revive” como Inmortal (suena raro, lo sé, lo sé), encuentra un maestro que le enseña la existencia del Mundo De Oscuridad, una realidad paralela a la nuestra (Mundo De Luz) en la que existen aquellos seres que, para nosotros, son mitos o fantasía. Y como el MDO no puede estar libre de problemas, mientras la prota se acostumbra a los hechos, un antiguo villano surge para liar la cosa, entre muchos otros eventos y peleas... dejo hasta aquí el soplo correspondiente, para no dar spoilers.
Que sí, fue un soplo; a la hora que lo hago de verdad, no hay blog que resista.

        Ya lo decía el sabio Murphy: Todo lo que empieza mal, acaba peor.
Con una narrativa en primera persona, la historia parte más rápido que pistoletazo de carreras. En dos páginas Medina nos muestra una pincelada de la familia, el último viaje que Katrina hace con sus amigos y cómo tras un choque, mueren todos menos ella (de quien me vine enterando su nombre al menos diez páginas más adelante -antes sólo se deduce el sexo por un par de frases como “me quedé dormida”-)
       Comprenderán que mucha empatía por su desgracia no sentí, si no sabía nada de ella ¿qué me iba a importar lo que le pasara?
      Igual con la llegada de su mentor le dura bastante poco el trauma y la velocidad de la lectura también se refrena... algo. Eso fue bueno para mi gusto; lo que no puedo decir de la introducción al MDO ya que teniendo la oportunidad de mostrarnos el universo enterito, con personajes que prácticamente lo recorren de pé a pá, Medina se limita con frases como “fuimos por el desierto/montaña/bosque” o “la ciudad tenía calles/gente” o “era como cualquiera del MDL
      ¡Oye! Que el chiste de mostrar un universo nuevo es... ¡Mostrarlo! Hasta con el viejo universo hay que decir algo más allá de “era como cualquier ciudad de Italia” –Ni que los países clonaran sus ciudades –Definitivamente hubiera quedado mucho mejor si al presentar el mundo el autor hubiera puesto la mitad del énfasis que puso en las mil y una peleas que nos presenta
      Otro tema son los focos: Apoyo totalmente que se quiera mostrar otra visión además de la protagónica; y encuentro buena idea hacerlo al comenzar un capítulo nuevo; más si cada uno tiene sus buenas veinte hojas (echaba de menos los capítulos largos, adoc con una novela) Pero, si me cambian de Fulanito a Menganito y en todo el nuevo capítulo, a Mengano le pasan un turrón de leseras, para cuando vuelvo a saber de Fulanito no recuerdo en qué miéchicas quedó. Y no, como sospecharán no tuve ningún resumen camuflado para reintroducirme... obligada a retroceder en las páginas, hasta hallar la última pista de Fulanito. Ni hablemos del capítulo final, donde ahí el cambio de luces ocurre prácticamente por párrafo, como si los personajes jugaran al “tú la llevas”, con pequeños guiños que te advierten del hecho, con una destreza que te permite llegar a la mitad de escena sin saber de quién se trata. Vale que no quieras casarte con la protagonista, pero... ninguna, y es en serio, ninguna historia va a aguantar que tengan el mismo peso seis o siete compadres por episodio. Quizás el truquito final hubiese sido una buena jugada con sólo tres de los personajes. Aunque en esta historia ese número hubiese sido imposible ¿Por qué? Pues... mejor hablemos de los personajes en sí.

       Como el mundo solito podía ser muy aburrido, necesita de habitantes para sacudirlo, y vaya que este autor terremoteó al suyo con una verdadera piñata de razas “con profesiones” tales como humanos, inmortales, hombres lobos, vampiros, inquisidores, ángeles, magos, cazadores, nigromantes, hadas, demonios, vivos, no vivos, muertos, resucitados, Dioses, guardianes, zombies... en fin, sólo faltó que apareciera cantando el muñeco de Frozen.
       ¿Cuál es el problema? Los más avispados seguro ya lo ven: muchos títeres para un solo titiritero (ni hablemos del –cuasi inexistente- escenario).

       Sinceramente, creo que el autor de esta obra entendió mal la conocida frase y aplicó: cantidad es mejor que calidad.
       Por ejemplo el aspecto físico ni da para el tripack: sólo describe las ropas y armas que llevan. Y aunque en los perfiles vi la esperanza de un buen desarrollo, se mostró tan poco... hasta me fue frustrante encontrar momentos valiosos como “el entrenamiento de espadas” entre Katrina y Dakiu, donde podría haberse visto cómo crecía su relación... y el único jugo sacado fue:
“Sí... fueron clases realmente difíciles, pero valieron la pena. En fin seguiré contando mi historia. Adelantémonos una semana más o menos, ya que en esos días no pasó nada interesante, sólo clases del uso de espada”
Y ya está. Obviemos si le costó o no, si en algún momento peleó con su mentor por la presión, o hablaron de algo personal que los acercara...naah, lo importante es que ya esté lista para salir a pelear y volverse más fuerte -Y claro, de eso sí mostremos el número de patadas, tipo de armas, nombres de ataques-...ya entienden.
      He aquí otro punto: la chica pelea y gana, asesina por primera vez... ¿y pregunta si podrá vender la ropa del cadáver? ¿No siente culpa, susto, inquietud o sorpresa? ¡Dios, por último que tenga satisfacción y un obvio sadismo por lo que hizo! Nada... a mi gusto, padece cierta esquizofrenia, que a veces la hace ser humana y otras (la mayoría) la deja como máquina asesina. ¿Nada más? Nones. Difícil que haya algo, si su gran sentir y única motivación a lo largo de la historia, es la venganza: Katrina venga a quienes debe vengar, a quienes quiere vengar y a quienes no pidieron ser vengados; ella les hace el favor igual. Un tópico que curiosamente se repite en casi todos los demás personajes –y los que no quieren hacerlo, tienen quien les guarde rencor-.
Resulta igual de curioso que, habiendo tanto ser de distinta raza y cultura, no usen otro término aparte de “¡Maldición!” y muestren el mismo entusiasmo y labia –cuales clones programados– para contar “su historia” (ésa que pasó mientras uno leía sobre otro personaje)
     
    Con todo lo anterior la trama tampoco sale bien parada; si bien no hay lagunas su línea se va perdiendo en el bosque de peleas; así como temas con un potencial reservado (grimoriums, ragnarok, la pelea divina, por nombrar algunos) terminan poco pulidos o como accesorios.
Me temo que esto pasa porque hay un despilfarro de situaciones, enfoques y personajes que Jaime intenta encajar en un solo arco, así como una sobredosis de historias paralelas. Al punto que si me preguntaran cuál fue el camino que trazó la protagonista para terminar donde llegó... confieso que varias partes no las recuerdo. Porque gracias a lo recién dicho uno olvida hacia dónde van los personajes o su fin inicial, sin mencionar la suma de incoherencias, por ejemplo: Katrina declarando a su enemigo que no le perdonará el “haber puesto en su contra” a su hermano... y al ratito en el mismo párrafo admite haber olvidado que el chico estaba ahí en plena batalla. Tanto así que no me da para ordenar la cantidad de cosas que podría decirles sobre el libro.
     En suma, un libro que para mi gusto pudo haberse dividido en dos y tal vez, podría haber tenido más apreciación. Con todo y como siempre recomiendo, si alguien desea formarse su propia opinión (o debatirme de una) adelante, ármense de un ejemplar y lean, que no muerden.

“Y así, tras terminar su relajante té de hierbas, con el último rayo de sol desapareciendo en el horizonte, la joven se fue con pasos calmados a su rincón, sintiendo que había superado otra gran prueba literaria y sabiendo que, la escalera iría cuesta arriba…..”

¡Feliz lectura para todos! ¡Que nos les pase nada!
S. K. Seibert.

¡Un momento! Si la cosa con estos “libros especiales” irá empeorando con cada ejemplar... ¿cómo serán los que me tope después? De pronto, hace mucho frío por aquí...